así su Instagram no parece Instagram

 así su Instagram no parece Instagram


Dicen que la cámara siempre quiso de una manera especial a Maribel Verdú. Pero la telegenia no es magia, es fruto de la actitud. Esa energía en pantalla se ha transmitido en su interpretación desde el principio de su carrera. También en las entrevistas, ya en la explosión de su popularidad en aquellos años en los que creíamos que nos íbamos a comer el mundo. 

Verdú contagiaba complicidad por cómo afrontaba cada charla con una chispeante naturalidad que relativizaba lo que tocaba. Sólo era una entrevista. Compartía sus emociones y nos quedábamos embobados escuchándola, pues su sinceridad espontánea arrasaba con los tópicos que acostumbran las previsibles estrategias de promoción. 

Tres décadas después, todos hemos cambiado. Incluso todos hemos perdido parte de aquella ingenuidad de la España de los pletóricos noventa. Pero Verdú continúa siendo Maribel. O, simplemente, Bel. Ahora ya no sólo en las entrevistas en la tele, su autenticidad se ha adaptado también en las redes sociales. La empatía de Maribel Verdú se abre camino hasta en esa cosa que llamamos reels. Y no es tan fácil como parece. Porque en Instagram ya no sabemos lo que hacemos porque queremos hacerlo de lo que hacemos para que se vea que lo hemos hecho. Para destacar, el usuario se ha ido convirtiendo en el guionista de su propia vida. Y si hay que ficcionarla, se ficciona un poco, o un mucho. Porque en Instagram la realidad es más impostada de lo que necesita ser. Todo con tal de generar envidia en quien lo ve. Porque de eso se trata, de que los demás envidien tu vida.

Las redes sociales nos empujan a ser productivos incluso cuando estamos de vacaciones. Hay que compartir imágenes de instantes especiales, por forzados que resulten, o no estarás aprovechando tu tiempo libre. El artificio gana. Hasta genera una ansiedad innecesaria por la caza del ‘like’. Lo sufre la gente de la calle, todavía más los rostros populares. A un actor parece que ya no le basta con el talento. Y necesita un buen puñado de followers para lograr futuros trabajos. 

La competición constante por el ‘me gusta’ nos puede llevar a ser clones. Creemos saber lo que funciona y lo que no. Y los posados son previsibles, las sonrisas calculadas. Vivimos rastreando photocalls  en donde fardar de felicidad. Sin embargo, entras en el Instagram de Maribel Verdú y, como en sus primeras entrevistas, da la sensación de que regresas a los comienzos de las redes. Aquellos tiempos en los que fotografiábamos cualquier cosa y daba igual tener tres likes. Sus fotos no son perfectas, sus vídeos no son los mejor iluminados. Incluso no sale ella siempre, qué osadía. Pero todo lo que publica es bonito. Tal vez porque no compite, sólo comparte capturas de amigos, de rodajes, de libros, de momentos. Es un persona invirtiendo en recuerdos, mirando sus entornos con curiosidad, degustando lo que se encuentra en el camino sin necesidad de sobreactuar. Quizá ahí está la diferencia, quizá ahí brota su naturalidad contagiosa, quizá ahí está lo que suele distinguir a una buena actriz de una de tantas influencers. Ser o impostar, esa es la cuestión.



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