Los golpes de Estado ya no se hacen con bombas. Se hacen entrando en las instituciones

 Los golpes de Estado ya no se hacen con bombas. Se hacen entrando en las instituciones


José Manuel García-Margallo acaba de publicar, con Fernando Eguidazu, el libro España, terra incognita, un duro, razonado y argumentado análisis del momento político que vivimos… y la incertidumbre total del futuro. La presentación en Madrid fue multitudinaria, y con asistentes de todos los colores ideológicos. Es el último de los parlamentarios de la legislatura constituyente (1977) que sigue en la política activa, ahora como eurodiputado del PP. Pero dice que en junio se retira.

¿Cómo que deja la política? ¿Por qué?Porque en agosto cumplo 80 años. 

Joe Biden se presenta a la reelección con 81 e Isabel II estuvo trabajando hasta los 96. No, no los conozco. Pero ya he hecho todo lo que tenía que hacer, o al menos todo lo que me han dejado. En estos últimos años en Bruselas lo he pasado bien y he aprendido mucho. Pero es que ya me conozco el juego, ya sé cómo funciona porque llevo allí 22 años. Y cuando te lo sabes deja de ser divertido. Y si ya no te diviertes, pues… Además, con mis compañeros de ahora ya encajo poco, por razones de edad. Y mire, ya me cansa eso de andar saltando de avión en avión.

En la presentación de su libro, Manuel Pimentel (el editor de Almuzara) dijo que no había más que leer el libro para darse cuenta de que Eguidazu y usted no son viejas glorias sino jóvenes promesas.Manolo es muy amable y me quiere mucho. Yo a él también.

Vamos al libro. Cuando usted dice que vamos hacia un cambio de régimen, ¿a qué se refiere exactamente?Vamos a ver. El primero que explicó que la Transición había sido un acto fallido, una operación de maquillaje de la dictadura, poco menos que un engaño, fue Pablo Iglesias. Y concluyó que ahora había que hacer ‘la buena’, la verdadera Transición. ¿Hacia qué? Pues él dijo que había que ir hacia una república plurinacional, confederada, asimétrica (con unos territorios con más derechos que otros) e intervenida económicamente. Eso es el populismo latinoamericano.

Ya, pero Pablo Iglesias dejó la política.No, no, no. Eso es lo que está sucediendo. Hacia ahí es a donde nos pretenden llevar. Los golpes de Estado ya no se hacen bombardeando el palacio de La Moneda. Se hacen entrando en las instituciones, erosionándolas desde dentro, vaciándolas de contenido y convirtiéndolas en otra cosa. Es lo que en el libro llamamos ‘taxidermia’, lo mismo que disecar un animal. Este parece el mismo pero ya no lo es, su contenido es totalmente distinto. Y no tiene por qué que haber violencia, ¿eh? Chávez, Mussolini, Hitler, Bukele, incluso Ortega llegaron al poder sin violencia. Y lo cambiaron todo. Aquí hay una sutileza mayor. Dice Ernesto Laclau que, en situaciones como esta, «la erosión de la democracia es casi imperceptible… la población no cae inmediatamente en la cuenta de lo que está sucediendo». Pues eso es lo que estamos viviendo aquí.

Pero, ¿por qué?A cambio de unos votos y de más cosas. Yo estoy convencido de que los independentistas catalanes no proclamarán la independencia. En este proceso (que es, como todo proceso, una sucesión ordenada de hechos para conseguir un fin) lo que se plantea es esa taxidermia que le digo: vaciar de contenido tanto la Constitución como la nación. No aspiran a la soberanía nominal; esa la mantendrán, porque si no se quedarían fuera de la Unión Europea. Pero obtendrán toda la soberanía efectiva.

Si eso sucede, ¿en qué se convertirá España?En una confederación asimétrica.

Suena como un aparato de hospital.Pues es mucho peor. El ‘poder central’ no tendrá prácticamente ningún control sobre esos territorios; quizá queden algunas competencias sobre Defensa y Exteriores, aunque Cataluña tiene ahora mismo 21 delegaciones que actúan como auténticas embajadas. Pero lograrán una Justicia propia en la que no intervendrán ni el Tribunal Supremo ni el Constitucional. Nombrarán a los jueces que les podrían juzgar a ellos. Y una Hacienda propia, sin intervención del Estado. Se reconocerá la nación catalana. Su legitimidad vendrá de los derechos históricos, no de la Constitución como ahora… Me lo dijo alguien del PNV que estuvo hablando con los ‘indepes’ catalanes: «Ya no se trata de sacar a Cataluña y a Euskadi de España; se trata de sacar a España de Cataluña y Euskadi». El Estado pasaría a ser residual allí.

¿Como en la Commonwealth?Sí, más o menos. Gran Bretaña no tiene ningún poder real sobre los Estados que forman la Commonwealth. El rey de Inglaterra es, en ellos, una figura decorativa. Pues aquí ocurriría más o menos lo mismo. Lo que pretenden es un brexit de España pero manteniendo la soberanía nominal. El referéndum famoso bien podría ser una reforma del Estatuto que consagre todo eso. Si el Tribunal Constitucional lo da por bueno, y ahora mismo seguramente lo haría, será reconocido por el orden internacional. Y hemos terminado.

¿La amnistía es inconstitucional?Naturalmente.

Quienes la apoyan argumentan que no está prohibida en la Constitución.Claro que no. Ni la gripe. Ni la ablación del clítoris. Ni la invasión de Portugal. Ni la esclavitud. Ni mil cosas más. Eso no quiere decir que se puedan hacer, es un disparate perverso. La Constitución prohíbe los indultos de carácter general, que es un procedimiento menor que una amnistía. Es de sentido común que se prohíba también el procedimiento mayor. Es como si una ley prohíbe las agresiones físicas pero, como no dice nada de las cuchilladas, pues te puedo acuchillar. Pues hombre, no.

¿Ve muy cambiado al PSOE?Sin la menor duda. Antes era un partido socialdemócrata clásico. Ahora es un partido radical de corte italiano. Necesitan la polarización de la sociedad para mantener su clientela, o esta se irá a los extremos.

En las recientes elecciones portuguesas ganó el PSD, que es como el PP portugués. Y el nuevo primer ministro se negó a pactar con Chega, la extrema derecha de allí. ¿Por qué aquí no hacen ustedes lo mismo?Porque en Portugal el gobierno no depende de los votos de unos partidos que pretenden separar de la nación común a la parte más rica, mediante un golpe de Estado como el de 2017. En España fue el PSOE de Zapatero quien firmó con ellos el pacto del Tinell en 2003: jamás se pactaría con la derecha, es decir, el PP. Eso es negar la alternancia, que es tanto como negar la democracia. Vox es un partido constitucional… A mí no me gusta nada. Pero nada. Soy mucho más liberal que ellos en lo tocante a derechos y libertades. No tengo la menor objeción al matrimonio homosexual. Creo que hay que perseguir la violencia de género. Ni se me ocurre ser negacionista con el cambio climático. Creo en las autonomías. Soy profundamente europeísta. Y nada conspiracionista. Vox es un partido populista. Pero, al menos de momento, dice que defiende la Constitución.

Los alemanes e italianos han pasado página con sus dictadores y sus tragedias. ¿Por qué en España no hemos sabido superar la guerra civil?Sánchez y los suyos, como se deduce de todo lo que hemos hablado, necesitan una legitimidad que no sea la Constitución. Y la buscan en la Segunda República, que yo creo que está claro que no fue el mayor de los éxitos. Ahora bien, yo creo que hay que dar todo el apoyo y el dinero que haga falta a la gente que está buscando los restos de los abuelos en las cunetas y fosas comunes. Esa es la mejor forma de cerrar esa historia. Y creo también que el gobierno de Rajoy, que fue el mío, se equivocó al no hacer eso. Había que haber ayudado a dignificar la memoria de las víctimas de la guerra. Esa es la España que yo concibo. Eso es Chaves Nogales, que a mí me entusiasma. Eso es el «paz, piedad, perdón» de Azaña.



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