Regreso de las preocupaciones

 Regreso de las preocupaciones


Hoy toca descansar ya; bueno, a descansar de cenas, reencuentros familiares, regalos improvisados, devolución de felicitaciones, hastío de turrón y ese largo etcétera de ocupaciones navideñas que dejan agotado el cuerpo y mareada la cabeza esperando que los Magos regresen a sus palacios veraniegos. Empieza un año frío y seco, cargado de buenos deseos y, para qué engañarnos, tratándose de bisiesto hasta más preocupaciones.

Antes empezábamos los años con buenos propósitos, como ponernos a estudiar inglés a prisa y corriendo, pero ahora eso ya se hace en las escuelas primarias y a poco que nos descuidemos los niños nos lo enseñan en casa cuando empiezan a hablar. La cosa política inquieta mucho a muchos y la económica, a todos: unos por las dificultades para subsistir y otros por las dudas para invertir.

Doce meses por delante dan mucho de sí y de momento lo único que se anticipa cierto es que al imparable cambio climático igual le da por asarnos de calor que congelarnos con el hielo. Lo demás será cuestión de suerte, y para triunfar ante el éxito o la contrariedad lo importante, lo más difícil: mantener el buen humor. No hay que desesperarse por mucho que el Gobierno incumpla su promesa de hacernos felices; eso ya ocurría el año pasado. No hay mal que cien años dure.

Entretanto, la vida seguirá igual. La gripe, ahora apellidada A, continuará atacando a quienes no tienen la culpa de que los virus nos hayan invadido; las guerras actuales y futuras seguirán liquidando vidas; y los habitantes del mundo, cada vez más divididos y malhumorados, tratarán de emigrar, unos a lugares más habitables y otros, los más privilegiados, seguirán explorando la Vía Láctea en busca de algún planeta sin bombas atómicas para refugiarse.



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