Me dicen que me parezco a Naomi Campbell

 Me dicen que me parezco a Naomi Campbell



Juan Carlos, hizo su entrada en el restaurante de First Dates desde sus casi dos metros de altura y muy seguro de sí mismo. El encargado de recibirle fue Carlos Sobera al que de inmediato le llamó la atención el enorme tatuaje que llevaba en el pecho, “Pone: I am Naomi Campbell” aclaró el comensal. “En verano, estando yo muy moreno y muy delgado, un amigo me dijo me parecía a la top model Naomi Campbell y ahí empezó mi locura por ella. Me puse a indagar sobre su trayectoria y me sentí muy identificado. Es una mujer que ha tocado fondo y que ha hecho muchas cosas que no debía, como yo”

Juan Carlos también dejó claro que disfruta enormemente de su trabajo, un empleo en el que no tiene que escuchar penas como si fuera un funcionario: ”Soy asesor de moda en una boutique de Puerto Banús y estar allí es como Sexo en Nueva York, con chicos y chicas que vienen a dis-frutar y a verse bien”. Ante la ya clásica pregunta sobre su trayectoria amorosa el malagueño ase-guró que, a pesar de ser guapete, no liga mucho porque asusta a la gente: soy muy alto, visto muy llamativo, soy muy directo, tengo mucho carácter y eso impone.

Su cita fue Guillermo, un peluquero de origen colombiano afincado, desde hace veinte años, en Málaga y que, en su presentación, confesó que le encanta disfrazarse u ponerse tacones y montar fiestas en su casa. Al asesor de moda le encantó la primera impresión del peluquero, “¡Guau, qué guapo!, es totalmente mi tipo”, exclamó nada mas verle. Ambos pasaron a la mesa para conocerse mejor y descubrir si, además de haberse gustado mucho físicamente, tenían algún futuro como pareja.

La cita empezaba con muy buen pie ya que los dos buscaban una pareja estable y coincidían también en estar saturados de salir por la noche y pasando por un momento vital en el que les apetecía más estar en casa y disfrutar de otro tipo de planes.

La cosa siguió mejorando cuando Matías anunció que iba a poner música en el restaurante para que los comensales bailaran pegaditos. La sangre latina de Guillermo y sus movimientos de cadera aca-baron de conquistar a Juan Carlos: “Tiene un morbazo que flipas”.

El postre decidieron tomarlo en la intimidad del reservado, parecía claro que habían conectado por completo y un largo beso selló la cita. La decisión final estaba cantada, ambos coincidieron habían estado muy a gusto, habían disfrutado mucho y querían, sin duda alguna, una segunda cita jun-tos. De la mano, abandonaron el plató.



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