qué pasa con los astronautas de Artemisa II si hay una emergencia
La misión Artemisa II, a punto de despegar desde Cabo Cañaveral, supondrá el regreso de astronautas a la Luna medio siglo después del programa Apolo, pero también es un ejercicio extremadamente arriesgado. Después de algunos accidentes fatales, como el del Apolo 1 o el Challenger, la NASA es extremadamente cuidadosa con la seguridad de los astronautas y trata de anticiparse a los riesgos: cada fase del vuelo incorpora mecanismos de emergencia diseñados para mantener con vida a la tripulación en los posibles escenarios críticos.
Desde los primeros instantes del despegue, la cápsula Orion cuenta con un sistema de cancelación capaz de alejar bruscamente a los astronautas del cohete. Una vez rumbo a la Luna, la propia física orbital actuará como red de seguridad mediante una “trayectoria de retorno libre” que garantiza la vuelta a la Tierra incluso ante un fallo total de los motores. Una vez en vuelo, los tripulantes dependerán de un sistema de soporte vital que aún no se ha probado con humanos, tendrán la posibilidad de refugiarse de la radiación bajo sus asientos en caso de erupción solar y, en el momento más crítico de la reentrada, confiarán su supervivencia a un controvertido escudo térmico que ha generado inquietud entre algunos expertos tras sufrir desgastes imprevistos en vuelos anteriores.
Estos son los principales sistemas de seguridad ante los principales riesgos:
La tirolina antes del despegue
Los cuatro astronautas entrarán físicamente en la cápsula Orión 4 horas antes del despegue, donde pueden producirse diferentes imprevistos. Para este caso, la NASA dispone de un curioso sistema consistente en cuatro cestas de escape de emergencia en la plataforma de lanzamiento que descienden por calles, en una especie de tirolina, en caso de una emergencia . El sistema les permitiría escapar rápidamente de la plataforma de lanzamiento móvil hasta la base para ser trasladados a un lugar seguro en vehículos de transporte de emergencia.
Durante del despegue
Si algo falla en la rampa durante el encendido de los cohetes, los astronautas pueden evacuar rápidamente el cohete o activar el sistema de escape. En ese caso, la cápsula Orión sería literalmente arrancada de la parte superior del cohete mediante una torre propulsada, diseñada para alejarla en cuestión de milisegundos. Ese sistema, conocido como Sistema de Aborto de Lanzamiento (LAS), está pensado para “llevar a la tripulación a un lugar seguro en caso de emergencia durante el lanzamiento”. En apenas segundos, la cápsula se separa, despliega paracaídas y ameriza en el océano para ser recuperada.
Este mecanismo ya estaba presente en el programa Apolo y, antes, en Mercury. Sistemas equivalentes han salvado vidas en misiones rusas Soyuz, como en el accidente ocurrido en 1983. En Orión, este mecanismo se ha perfeccionado con mayor potencia y control automático. El sistema se empieza a poner en marcha cuando falta poco más de una hora y media para el despegue. Si el lanzamiento es exitoso y se alcanza el espacio en condiciones seguras, este sistema de escape es desechado y expulsado junto con los paneles protectores para aligerar la nave.
Primeros minutos de ascenso
Durante los primeros minutos de ascenso —la fase más peligrosa— el sistema LAS sigue activo. A medida que el cohete gana altura, las opciones de emergencia cambian. Una vez descartado el sistema de escape, la propia nave Orión puede separarse del lanzador y usar sus motores para colocarse en una trayectoria segura, ya sea alcanzando una órbita baja, completando una vuelta a la Tierra o entrando en una reentrada balística directa.
En todos los casos, el objetivo es un amerizaje controlado en zonas oceánicas previamente previstas —principalmente el Atlántico o el Pacífico— con equipos de rescate desplegados; aunque la trayectoria pueda sobrevolar regiones como el oeste de Europa o el norte de África, el aterrizaje nunca sería en tierra firme, sino en el mar cercano dentro de un corredor de recuperación diseñado por la NASA.
Un fallo en órbita
Si el fallo ocurre ya en órbita terrestre —lo que está previsto que ocurra a los 8 minutos y 6 segundos de vuelo—, la misión puede abortarse con un regreso relativamente rápido. Orión está diseñada para desacelerar y reentrar en la atmósfera, completando un amerizaje en el Pacífico con ayuda de paracaídas y sistemas de flotación que garantizan la estabilidad de la cápsula.
Durante el tiempo que la nave permanezca en la órbita terrestre alta, la tripulación se dedicará a probar los sistemas críticos de soporte vital y a ensayar maniobras de proximidad con la etapa superior del cohete. Para poder maniobrar y ejecutar un posible regreso anticipado en esta fase, la cápsula depende íntegramente de su módulo de servicio, un componente cilíndrico proporcionado por la Agencia Espacial Europea (ESA) que alberga la propulsión principal, la energía y los sistemas ambientales. Si los directores de la misión detectan cualquier anomalía o problema grave durante estas comprobaciones iniciales, tomarán la decisión de abortar el viaje lunar y traer a los astronautas de vuelta a casa de forma inmediata.
Un fallo camino a la Luna
Más allá del lanzamiento, Artemisa II incorpora una estrategia clave heredada del programa Apolo: la trayectoria de “retorno libre”. Esto significa que, si algo falla camino a la Luna, la nave puede rodearla y volver a la Tierra sin necesidad de grandes maniobras. Es una red de seguridad pasiva que permite regresar en pocos días.
En fases intermedias del viaje, también existen soluciones híbridas. Por ejemplo, si una maniobra crítica como la inyección translunar falla, Orión puede usar motores auxiliares o incluso permanecer temporalmente en órbita terrestre antes de decidir el regreso.
Refugio contra la radiación espacial
La NASA también ha contemplado qué pasaría en caso de una emergencia por radiación imprevista, como una erupción solar. Dado que el interior de la cápsula Orión tiene apenas el espacio equivalente al de un ascensor con capacidad para unas 8 o 10 personas, el protocolo dicta que los astronautas deben retirar los reposapiés de los asientos del piloto y el comandante para liberar espacio y refugiarse en los compartimentos de almacenamiento (taquillas) situados debajo de los propios asientos. La puesta a prueba de este refugio contra la radiación es uno de los objetivos de la expedición.
Fallo en la reentrada
Si el escudo térmico falla durante la reentrada en la atmósfera, como paso en el trágico accidente del transbordador Columbia en 2003, no hay margen de maniobra. Este es uno de los aspectos de la misión que más preocupan, ya que tras el vuelo de Artemisa I, la NASA identificó una pérdida inesperada de material del escudo causada por gases atrapados en el material ablativo, que al expandirse provocaron grietas y desprendimientos. Aun así, la agencia sostiene que, incluso con ese comportamiento anómalo, la cápsula habría mantenido condiciones seguras para astronautas, lo que indica que el diseño incluye cierto margen de tolerancia al daño.
Para Artemisa II, la decisión oficial no ha sido rediseñar el escudo —ya construido—, sino modificar el perfil de reentrada. En concreto, se elimina la maniobra de “skip entry” utilizada en Artemisa I y se adopta una reentrada más directa para reducir el tiempo de exposición térmica y evitar la acumulación de gases. Como resumió la propia NASA al anunciar la decisión, volarán con el mismo escudo pero “con una trayectoria de entrada modificada”
Enfermedad o muerte
¿Qué ocurre si un astronauta enferma o muere durante la misión? En Artemisa II, la NASA contempla que la tripulación viaje con un kit médico avanzado y formación en cuidados básicos, capaces de atender emergencias como mareos graves, problemas cardíacos o lesiones leves durante la misión. Si surgiera un problema de salud más serio, como sucedió recientemente en la Estación Espacial Internacional, los astronautas pueden comunicarse con médicos en Tierra y usar los recursos de la cápsula para estabilizar al paciente hasta el regreso.
En el caso extremo de fallecimiento, no existe un “rescate” en el espacio: la cápsula simplemente completaría su misión según el plan de vuelo, y el cuerpo permanecería a bordo hasta el amerizaje, donde la tripulación y los equipos de recuperación seguirían los protocolos de la NASA para manejar la situación de forma respetuosa y segura.
A todas estas opciones de seguridad, se suma la respuesta en tierra. Equipos de la NASA y del Departamento de Defensa entrenan escenarios de rescate en mar abierto, preparados para recuperar a la tripulación tras un aborto en cualquier fase del ascenso. El enfoque está basado en capas: escape inmediato, abortos progresivos, trayectorias de retorno y operaciones de rescate. Como resume la propia agencia, la misión “superpone defensas en lugar de depender de una única solución”.