“No está mal curado, son infecciones consecutivas”
Con la llegada del invierno y la continua bajada de las temperaturas, se vuelve frecuente oír en las consultas médicas y en el ámbito social una misma queja: “este resfriado no termina de desaparecer”.
Esta sensación de encadenar un proceso catarral tras otro sin una recuperación completa no es una percepción subjetiva, sino una realidad clínica que responde a factores ambientales, biológicos y de comportamiento social.
Actualmente, hay una alta circulación vírica, donde predominan la gripe, el rinovirus y el virus respiratorio sincitial (VRS), puesto que la tasa de infecciones respiratorias agudas (IRAs) en Atención Primaria ha alcanzado recientemente los 643 casos por cada 100.000 habitantes, según los últimos datos del SiVIRA del Instituto de Salud Carlos III. Esto crea un escenario propicio para las reinfecciones sucesivas.

En este punto, la doctora María Victoria Sánchez Simonet, jefa de la Unidad de Medicina Interna del Hospital Vithas Málaga, sostiene que el fenómeno de «empalmar» resfriados está directamente relacionado con cómo el frío afecta a nuestras defensas naturales.
«El aire frío y seco del invierno no solo ayuda a que los virus sobrevivan más tiempo en el ambiente, sino que impacta directamente en nuestra primera línea de defensa: la mucosa nasal», señala la especialista.
Al mismo tiempo que añade que «al disminuir la temperatura en las fosas nasales, se produce una vasoconstricción que reduce el flujo sanguíneo y, con ello, la llegada de células inmunitarias encargadas de frenar la entrada de patógenos».
¿Es un resfriado mal curado o una infección nueva?
Uno de los errores más comunes es pensar que un resfriado que dura más de dos semanas es el mismo proceso que no termina de curar. Sin embargo, la especialista aclara que “en la mayoría de los casos, se trata de infecciones consecutivas».
«Un sistema inmunitario que acaba de combatir un virus puede quedar temporalmente debilitado o ‘distraído’, lo que facilita que un segundo o tercer virus aproveche esa ventana de vulnerabilidad. En invierno, al pasar más tiempo en espacios cerrados y con menor ventilación, la exposición a diferentes cepas virales es constante«, señala.
Además, factores como la menor exposición solar (que reduce los niveles de vitamina D, esencial para el sistema inmune) y la sequedad ambiental provocada por las calefacciones, contribuyen a que las mucosas se vuelvan más permeables a los virus. «No es que el resfriado sea más fuerte, es que nuestro organismo tiene menos tiempo para recuperarse entre un asalto y otro«, añade la doctora Sánchez Simonet.
Consejos para acabar con esta situación
Para evitar este encadenamiento de procesos virales, la jefa de la Unidad de Medicina Interna de Vithas Málaga incide en la importancia de no subestimar el descanso.
«El cuerpo necesita energía para reconstruir sus defensas. Si forzamos la vuelta a la actividad normal sin haber recuperado la integridad de nuestras mucosas, estamos dejando la puerta abierta al siguiente virus».
Entre las pautas clave para fortalecer la respuesta inmunitaria y prevenir recaídas, la especialista destaca, por ejemplo, mantener una hidratación adecuada, fundamental para que el moco cumpla su función de barrera y transporte de patógenos hacia el exterior.
También prestar mucha atención a la ventilación de espacios porque, aunque haga frío, es vital renovar el aire en interiores para reducir la carga viral.
De igual forma, una buena higiene de manos y una alimentación equilibrada siguen siendo también medidas muy eficaces para evitar el contagio por contacto con superficies contaminadas.
Asimismo, Sánchez Simonet remarca que “es fundamental consultar con un especialista si los síntomas se agravan, si aparece dificultad respiratoria o si la fiebre persiste más de tres o cuatro días, para descartar complicaciones bacterianas como sinusitis o neumonías que sí requerirían un tratamiento específico”.